Te lo llevas en el corazón
Trazarse objetivos específicos es crucial; es el camino
a verdades que aparentan estar lejos de nuestro alcance. Al fijarnos un
objetivo específico, el engranaje de la vida empieza dirigirnos a la información
y a algún suceso nos muestra la conexión con nuestra respuesta y anhelos, como
si nuestra meta fuera un polo positivo y un suceso en nuestra vida, un polo negativo. Al
reunirse encienden la chispa y alumbra la verdad que buscamos.
Me embarqué con el objetivo de descubrir el
elemento más importante de nuestras vidas y que plasmado en una narración la
convierte en interesante. La misma inquietud me llevó a una solución, como
corriente de rio hacia el mar. Cuando se traza un objetivo nuestras energías se
encaminan directa e indirectamente a las respuestas. Mi argumento no es, solo con
concentrarse en el blanco la lámpara de
Aladino cumple; pero con una meta, es el inicio de una travesía no muy fácil,
nos coloca a veces en un tobogán, pero al final pone la luz y la salida. Lo
descubrí después de varios intentos por destapar la respuesta, después de tomar
los posibles rumbos y después de no pescar una. Todo empezó a cambiar a raíz de
una historia que se me quedó en el corazón.
Vi en Facebook un video reportaje, de “Al rojo vivo” sobre un niño guatemalteco vendiendo flores aromáticas,
con su humilde padre quien debía lo del cruce al otro lado. El niño y su
historia me pareció algo conmovedor y al mismo tiempo no podía creer ver un
niño trabajando, siendo Los Estados Unidos; las leyes de la potencia mundial protegen
a los niños. El niño se volvió un fenómeno en julio del 2020 en redes sociales. En ese momento cuando vi las impactantes
imágenes, admiré la grandiosidad del niño
unido al esfuerzo de su padre. Me pareció un niño con mucha virtud, formándose
un futuro prometedor a partir de su voluntad de ayudar a su familia. La
historia de fue conmigo. Después, busqué incluir la moraleja del reportaje en mis
conclusiones, sin claridad dónde encajarlo en mi investigación. Los días y mis
actividades cotidianas continuaron y mi lupa no descansó sobre pesando los
diferentes medios, el atractivo de la vida y de los cuentos en general para
poder aplicarlo en mi trabajo. El tiempo continuó entre búsqueda, pensamientos,
y conclusiones incompletas; mi meta navegaba en mi mundo mental. ¡Ah…pero! La semana
siguiente, sin imaginarme, me encontré con el vendedor de flores. Resulta que, en
el transcurso de manejar haciendo mandados; de repente estaba enfrente de una
escena que me movió la tierra; ahí estaba el niño junto a las flores y a su padre por la Cesar Chávez; ya no eran
solo imágenes frías sino, sangre en esos cuerpos. Sentí una agradable sensación
de privilegio por presenciar con mis propios ojos las cautivadoras personas en
vivo y directo; no podía creer, hasta el aire celebró haciéndome llegar los
aromas de rosas; nunca pensé que en vivo nos íbamos a juntar, después de haber
visto al héroe vía internet. Lo virtual se volvió realidad. Después de eso, repasé
su historia y la información en mi cabeza sin llegar a mi meta final y me fui
manejando con la emoción y con múltiples ideas entrando y saliendo; incluso
pensé que tal vez Nietzsche en su “Así Habló Zaratustra” podría iluminar me
y explicar la virtud del niño para
conectarlo con mi búsqueda.-El que quiere superarse, no hay nada imposible- me
decía admirando al pequeñito. Después, fui a leer a un parque verdecito
pensando en mi investigación, incluyendo la virtud del héroe desconocido. Volví
a pensar en las razones que lo hacían admirable, su experiencia y la aplicación en el cuento. En el transcurso de un tiempo, y después de
no encontrar respuesta en Nietzsche, ni en el ring mental de argumentos, manejé
a otro lugar; aunque el filoso no hablaba de cuentos ni grandezas en las
historias consideré encontrar un eslabón para mis respuestas; pero la historia
del vendedor de flores recurría nuevamente. Después de manejar un buen rato, en
otra esquina concurrida y durante una parada vi a una mujer salvadoreña
vendiendo pupusas en la calle; sonriente torteaba y las volteaba en el comal
ardiente de su cocina improvisada al aire libre. Había varios clientes esperando
y ansiosos por saborear el manjar culinario. Mi foco estaba en la virtud de esa
mujer, en contraste, la mayoría de la gente refugiadas en sus casas, más
de algunos atormentados por no querer
tener contacto social debido a la pandemia y el temor de contagiarse. Pero esa
señora al pie del cañón, desbordando energía; ella y los olores a pupusa me hizo
reflexionar. La vendedora de pupusas estaba como se dice vulgarmente en pie de
lucha. Ella servía agua fresca para sus clientes hambrientos también, parecía
pulpo. Un sentimiento de admiración me volvió a mover la tierra, pensé que esa
señora era valiosa y que vencía obstáculos para lograr sus anhelos de salir
adelante; tal vez por su familia, sus gastos a cubrir, obligaciones;
seguramente, nada de eso aguantaba un raund a su voluntad de superarse. Volví a
pensar “El que quiere superarse, no hay nada imposible” aunque no literalmente. La historia de la heroína
también se fue conmigo. Seguí pensando en la relación de las experiencias con mi
meta. En los dos casos había algo admirable en los caracteres, aunque
distintos. Entonces pensé -las historias
pueden ser interesantes por ser testimonio presencial - Pero no me convenció el
razonamiento limitado de mis conclusiones a medias, no tenía sentido colocarme
al centro del asunto. Incluso, consideré que lo resaltante de una historia es
la conexión que uno tiene con la misma y mi experiencia de niño en México
vendiendo fruta volvió a rodar en mi mente; mi papa fomentó en mi, el espíritu
de comerciante, tenía algo en común con el niño vendedor; pero no descubrí el mérito
de mi experiencia con relación a mi búsqueda por encontrar el vaho de las
historias. Ni mucho menos vi comparación con mi niñez porque sería echarle
crema a mis tacos sin fundamento. Me fui a casa cargando más argumentos e
hipótesis inconclusas. Julio no me alcanzaba y ninguna conclusión me visitó en
la ventana por varios días, tampoco. Pero seguía con el mismo carril hacia la
meta. Incluso, argumenté; a la mejor en la vida no hay misterios o moralejas
con respuestas; simplemente pasa igual que en la obra de teatro de Beckett
“Esperando a Godot” Los personajes esperan a Godot, quien nunca llega, mientras
pasan otras cosas menos su llegada. La
respuesta no me llegó, Sentí no poder concluir, simplemente no daba el
martillazo en el clavo.
El júbilo fue enorme cuando encontré la respuesta; fue
como recibir la iluminación, como cuando llega el sol después de la lluvia. –Claro-
me dije exaltado de emoción- eso es. Lo que hace una historia interesante es
que refleja las metas del personaje y sus acciones para vencer obstáculos, es
igualito que las historias en las obras de teatro la mayoría son extraordinarias
por que el personaje principal quiere
lograr algo en la vida y lo interesante es ver las decisiones del personaje y
acciones para lograr su meta- Entonces volví
a pensar en el niño vendedor de flores, la señora vendiendo pupusas, la
información que recaudé y me dije alegremente -ahí está. El niño y la vendedora
de pupusas son virtuosos por vencer adversidades; por lo tanto sus historias son
interesantes. Aunque no se ve, ellos se trazaron un objetivo; esa meta y su
acción por triunfar ante condiciones desfavorables los mueve. Su hazaña es tan
poderosa que no se olvida. Sus historias
reflejan sus cualidades- A partir de ahí, no me quedó ninguna duda: todo
personaje e historia debe revelar un objetivo como eje motriz de su vida para vencer
obstáculos. Por consiguiente la experiencia y la historia dejan de ser
ordinarias para pasar a ser extraordinarias. En el corazón llevo ese niño, esa
mujer y sus historias.







