Monday, July 27, 2020

Cuento de un video viral de un nino vendedor de flores




Te lo llevas en el corazón

Trazarse objetivos específicos es crucial; es el camino a verdades que aparentan estar lejos de nuestro alcance. Al fijarnos un objetivo específico, el engranaje de la vida empieza dirigirnos a la información y a algún suceso nos muestra la conexión con nuestra respuesta y anhelos, como si nuestra meta fuera un polo positivo y  un suceso en nuestra vida, un polo negativo. Al reunirse encienden la chispa y alumbra la verdad que buscamos.
           Me  embarqué con el objetivo de descubrir el elemento más importante de nuestras vidas y que plasmado en una narración la convierte en interesante. La misma inquietud me llevó a una solución, como corriente de rio hacia el mar. Cuando se traza un objetivo nuestras energías se encaminan directa e indirectamente a las respuestas. Mi argumento no es, solo con concentrarse en el blanco  la lámpara de Aladino cumple; pero con una meta, es el inicio de una travesía no muy fácil, nos coloca a veces en un tobogán, pero al final pone la luz y la salida. Lo descubrí después de varios intentos por destapar la respuesta, después de tomar los posibles rumbos y después de no pescar una. Todo empezó a cambiar a raíz de una historia que se me quedó en el corazón.  Vi en Facebook un video reportaje, de “Al rojo vivo” sobre  un niño guatemalteco vendiendo flores aromáticas, con su humilde padre quien debía lo del cruce al otro lado. El niño y su historia me pareció algo conmovedor y al mismo tiempo no podía creer ver un niño trabajando, siendo Los Estados Unidos; las leyes de la potencia mundial protegen a los niños. El niño se volvió un fenómeno en julio del 2020 en redes sociales.  En ese momento cuando vi las impactantes imágenes,  admiré la grandiosidad del niño unido al esfuerzo de su padre. Me pareció un niño con mucha virtud, formándose un futuro prometedor a partir de su voluntad de ayudar a su familia. La historia de fue conmigo. Después, busqué incluir la moraleja del reportaje en mis conclusiones, sin claridad dónde encajarlo en mi investigación. Los días y mis actividades cotidianas continuaron y mi lupa no descansó sobre pesando los diferentes medios, el atractivo de la vida y de los cuentos en general para poder aplicarlo en mi trabajo. El tiempo continuó entre búsqueda, pensamientos, y conclusiones incompletas; mi meta navegaba en mi mundo mental. ¡Ah…pero! La semana siguiente, sin imaginarme, me encontré con el vendedor de flores. Resulta que, en el transcurso de manejar haciendo mandados; de repente estaba enfrente de una escena que me movió la tierra; ahí estaba el niño junto a las flores  y a su padre por la Cesar Chávez; ya no eran solo imágenes frías sino, sangre en esos cuerpos. Sentí una agradable sensación de privilegio por presenciar con mis propios ojos las cautivadoras personas en vivo y directo; no podía creer, hasta el aire celebró haciéndome llegar los aromas de rosas; nunca pensé que en vivo nos íbamos a juntar, después de haber visto al héroe vía internet. Lo virtual se volvió realidad. Después de eso, repasé su historia y la información en mi cabeza sin llegar a mi meta final y me fui manejando con la emoción y con múltiples ideas entrando y saliendo; incluso pensé que tal vez Nietzsche en su “Así Habló Zaratustra” podría iluminar me y  explicar la virtud del niño para conectarlo con mi búsqueda.-El que quiere superarse, no hay nada imposible- me decía admirando al pequeñito. Después, fui a leer a un parque verdecito pensando en mi investigación, incluyendo la virtud del héroe desconocido. Volví a pensar en las razones que lo hacían admirable, su  experiencia y la aplicación en el cuento.  En el transcurso de un tiempo, y después de no encontrar respuesta en Nietzsche, ni en el ring mental de argumentos, manejé a otro lugar; aunque el filoso no hablaba de cuentos ni grandezas en las historias consideré encontrar un eslabón para mis respuestas; pero la historia del vendedor de flores recurría nuevamente. Después de manejar un buen rato, en otra esquina concurrida y durante una parada vi a una mujer salvadoreña vendiendo pupusas en la calle; sonriente torteaba y las volteaba en el comal ardiente de su cocina improvisada al aire libre. Había varios clientes esperando y ansiosos por saborear el manjar culinario. Mi foco estaba en la virtud de esa mujer, en contraste, la mayoría de la gente refugiadas en sus casas, más de  algunos atormentados por no querer tener contacto social debido a la pandemia y el temor de contagiarse. Pero esa señora al pie del cañón, desbordando energía; ella y los olores a pupusa me hizo reflexionar. La vendedora de pupusas estaba como se dice vulgarmente en pie de lucha. Ella servía agua fresca para sus clientes hambrientos también, parecía pulpo. Un sentimiento de admiración me volvió a mover la tierra, pensé que esa señora era valiosa y que vencía obstáculos para lograr sus anhelos de salir adelante; tal vez por su familia, sus gastos a cubrir, obligaciones; seguramente, nada de eso aguantaba un raund a su voluntad de superarse. Volví a pensar “El que quiere superarse, no hay nada imposible”  aunque no literalmente. La historia de la heroína también se fue conmigo. Seguí pensando en la relación de las experiencias con mi meta. En los dos casos había algo admirable en los caracteres, aunque distintos.  Entonces pensé -las historias pueden ser interesantes por ser testimonio presencial - Pero no me convenció el razonamiento limitado de mis conclusiones a medias, no tenía sentido colocarme al centro del asunto. Incluso, consideré que lo resaltante de una historia es la conexión que uno tiene con la misma y mi experiencia de niño en México vendiendo fruta volvió a rodar en mi mente; mi papa fomentó en mi, el espíritu de comerciante, tenía algo en común con el niño vendedor; pero no descubrí el mérito de mi experiencia con relación a mi búsqueda por encontrar el vaho de las historias. Ni mucho menos vi comparación con mi niñez porque sería echarle crema a mis tacos sin fundamento. Me fui a casa cargando más argumentos e hipótesis inconclusas. Julio no me alcanzaba y ninguna conclusión me visitó en la ventana por varios días, tampoco. Pero seguía con el mismo carril hacia la meta. Incluso, argumenté; a la mejor en la vida no hay misterios o moralejas con respuestas; simplemente pasa igual que en la obra de teatro de Beckett “Esperando a Godot” Los personajes esperan a Godot, quien nunca llega, mientras pasan otras cosas menos su llegada.  La respuesta no me llegó, Sentí no poder concluir, simplemente no daba el martillazo en el clavo.

El júbilo fue enorme cuando encontré la respuesta; fue como recibir la iluminación, como cuando llega el sol después de la lluvia. –Claro- me dije exaltado de emoción- eso es. Lo que hace una historia interesante es que refleja las metas del personaje y sus acciones para vencer obstáculos, es igualito que las historias en las obras de teatro la mayoría son extraordinarias por que el  personaje principal quiere lograr algo en la vida y lo interesante es ver las decisiones del personaje y acciones para lograr su meta-   Entonces volví a pensar en el niño vendedor de flores, la señora vendiendo pupusas, la información que recaudé y me dije alegremente -ahí está. El niño y la vendedora de pupusas son virtuosos por vencer adversidades; por lo tanto sus historias son interesantes. Aunque no se ve, ellos se trazaron un objetivo; esa meta y su acción por triunfar ante condiciones desfavorables los mueve. Su hazaña es tan poderosa que no se olvida.  Sus historias reflejan sus cualidades- A partir de ahí, no me quedó ninguna duda: todo personaje e historia debe revelar un objetivo  como eje motriz de su vida para vencer obstáculos. Por consiguiente la experiencia y la historia dejan de ser ordinarias para pasar a ser extraordinarias. En el corazón llevo ese niño, esa mujer y sus historias. 











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