Vaiven del ritual
Lo más duro para
un actor es vencerse a sí mismo; el miedo arruina la carrera a cualquiera; cada
murmullo, tos, risa del público atiza el terror. Ya verás, esa tembladera que
cargas será una daga rompe pecho o la mecha para transfórmate en un actor
verdadero. Aquí vas a ver la utilidad de la historia, de actuación, de concentración
y todo lo demás con lo que te embarraste las manos en la escuela; detrás de
bambalinas surgen los temples o heridas que esconde la risa del actor. La gente
ya está ahí, pronto empezamos. Hay que entregar lo mejor sin hacernos bolas. El
público merece la excelencia de nuestra actuación. Aquí se muestra quien es
quien. Esa “bailadera” y sudor que traes
te va a probar el aguante y como dicen te va dar colmillo ¡Afiánzate a la
escuela que traes!
-El actor aquel con máscara de bufón hablaba y
dejaba que a su alumno, con máscara de diablo en la mano, le penetrara en la conciencia
sus concejos. Daba un vistazo al público impaciente al momento previo a la presentación
de la obra “ El infierno” Penetraba su mirada a la obscuridad para descubrir y escrudiñar
los ojos brillantes de los espectadores y el olor viejo de cortinas rojas, de humos
inmiscuidos y de cacahuates horneados; más de algún chillido de niño lo rebotó
de regreso para echarle una mirada al atormentado, como encadenado y engarrotado
tartamudeando con el espejo como queriendo convencerse que la máscara malévola no
era precisamente él, era otro, pero pareciera que su pavor fuera precisamente ser
su yo, mostraba miedo como picado de
culebra. Miraba la máscara y a sí mismo
en el espejo; una inexplicable resistencia atenuada con la presencia de la audiencia
le clausuraba movimiento.
El actor con máscara maneja niveles superiores
del ser humano… ¡Deja de sudar! ¿Los ejercicios teatrales y la práctica dónde los
dejaste? Una vez que se da la tercera
llamada y pisas el escenario… haber Pablo. – Hablaba fuerte para que su voz
traspasara el camerino y su autoridad no se perdiera entre maquillaje- ¡llama a los demás; hagamos relajación de
grupo! Tanto que les digo ser actor no
es puro bla, bla, bla. Hay que darnos firmeza, mas a éste; ya parece bolillo.
A ellos les llegaba
el calor de los reflectores del escenario, el ambiente a media luz como niebla o
como cortina humeante a lo desconocido y el rechinido de sillas en el público. Tenue
frontera entre bastidores y la magia. La audiencia, que a muchos aterroriza,
llegando o empezando a sentirse incómodos por la espera. El premier, había hecho
mucho ruido, que pareciera estaban repartiendo cosas gratis que el teatro ni
una abeja cavia más.
Otra cosa más;
si pones resistencia, la máscara te traga; quedas en el viaje; tú has
visto como actores de cine y televisión dicen
que no pueden dejar el personaje aun después de terminar la función o el rodaje
de su película. Van al mercado, duermen con él y hasta comen con el personaje;
si ese es tu miedo. Aquí los “de gallina” son los que cuentan. Veras; una vez
puesta la máscara y pisando la primer tabla del escenario, el paraíso no le
iguala… necesita uno amarrarse los pantalones por que acá se pone el cuerpo al
servicio de las energías del espíritu;
nada que ver, si te llevas el personaje a tu casa o lo que hagas con él.
Ahorita es lo que cuenta. Aquí la unidad
prevalece; tu corazón, respiración y espíritu pertenecen al ser de la máscara. Si por eso, hasta las orbitas de tus ojos estás
perdiendo; mira, respira profundo; si con el ejercicio que hicimos de grupo no
te cae hielo; pues ve pensando para que restaurant eres el indicado. A ver paloma, haz con él, unos ejercicios de
relajación de músculos; a ver si con eso sí,
la máscara le asienta. Su tembladera prueba que estoy necesitando más café.
- ¡Suelta
los músculos, tendones! ¡Relájate! ¡Pareces
piedra sudando!
La música de bienvenida
jaló al actor de bufón a donde estaba
para ir a los bastidores y en su mente repasaba los movimientos a ejecutar y
las indicaciones precisas para la trazo de la dirección dada a la obra; pero no
confiaba que su alumno hiciera un buen papel; veía al escenario, al público expectante
y regresaba su mirada al actor que se enrollaba, pareciera hablar con su máscara
como negociando un acuerdo para realizar un buen papel en la presentación teatral
tan esperada. Aún así, no dejaba de
medir el piso con su vaivén nervioso.
¡Las corvas no
te responden! Acuérdate que el uso de máscara es un ritual; así como en la antigüedad
los aborígenes usaban la máscara para vencer o atrapar el espíritu del animal
que cazaban, así tú. Piensa que tienes el dominio. Pues éntrale. Los ensayos fueron una cosa; pero aquí frente
al público cualquiera se mea, si tiene miedo.
Ahora brinca en esos Zapatos. Aquí te vas hacer buen actor; ni el público
ni la máscara es el enemigo; el enemigo está aquí.
Le aprisionaba
el pecho para revivirlo, tome aire nuevo y no valla echar abajo el éxito de la presentación
nomás por su bronca con la máscara. El
temeroso actor no se podía arrancar tantas idas a misa los domingos; le jalaba más
que el personaje de la máscara diabólica. Pero como en todo hay que partírsela
o quedar fuera de la historia. La vida es de riesgos y decisiones. Viendo la máscara,
el espejo y el escenario, se fue apareando el valor. Con tembladera y todo se
puso la máscara bien fija cual segunda piel; al mismo tiempo que anunciaban la
tercera llamada y la música tensa de la introducción empezara. Con el sudor y
la alteración de suspiros se aseguró aquel rostro diabólico que no era el suyo;
pero, ahora era él. Con un suspiro profundo borro las miradas dudosas de su
alrededor. El clue de la música se
dio y él dio un brinco infernal a escena, desposeyéndose del temeroso actor con
la energía poderosa del personaje, tanto que no supo donde dejó su persona. Sus
movimientos en el escenario estaban precisos, amplios y animalescos; echaba
lumbre por los ojos y magia por todo el cuerpo, parecía bronco sin amansar. No perdía
la composición física de aquel personaje durante el transcurso de la obra. Más
que una actuación encarnaba un ritual y un transe. No sabía ni de público, ni reflectores, ni
temores; era la energía del personaje de
la máscara reinando y dominando el ambiente; era la energía generadora de hipnotismo.
Llenaba el escenario con sus despliegues que no había espacio sin que su sudor
no regara; se tragó los ruidos y al público como paralizado disfrutando la expresión corporal fidedigna de
aquel personaje enmascarado.
Con el tiempo se
vuelve abrir el telón y su actuación se repite en el ritual de la memoria de
aquel público deleitado.




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