Monday, August 24, 2020

Hacer pupusas, cuento

 

Palmear sabores

! Se están quemando, las pupusas ¡

– Grita Esperanza, alarmada de regreso a la cocina

- Te dije; ¿Cuando has visto que a mi pase? No puedo creer.  La pereza no te deja. Te entra por un oído y te sale por otro. Otro serias si no tuvieras una mujer como yo. Siempre tengo que resolver. Lo he sabido siempre; desde que vine a este país  con solo un tanate. Tengo que ver por todo sin atenerme a nadie. –Moja el comal, retuerce el trapo húmedo y luego voltea a ver a Reinaldo, con una mirada que lo quiere avivar- Desde que decidí a venirme, mis manos lo resuelven todo –Raspa con fuerza el comal para dejarlo limpio-Me vine del Salvador con veinte añitos y sin miedo. Toya mi hermana me dijo que tomara un camión de el Salvador a Tapalchula y de ahí otro directo a la frontera, solita ni quien me dijera.  Antes solo había coyotes en  Tijuana. El coyote me dijo: “¿Viene sola?” que como le iba a pagar; le enseñé lo que traía. Estaba preparada con pisto escondido. Antes no había robadera. Me llevó a un restaurant tipo bar y sacó un acordeón de tarjetas como cuarenta y escogió una con una foto que se me parecía, me iba a pasar por la línea; después llegamos a un restaurant donde había música mexicana a todo lo que da y nos sentamos en una mesa. El pidió algo de tomar para mi – Mueve una mano indicando las características físicas del lugar y la otra hábilmente descarta lo quemado del comal, lo limpia otra vez y le unta aceite de oliva; sin perder detalle de su narración. Empieza hacer otras pupusas. Reinaldo hipnotizado seguía el proceso laboral de hacer pupusas- Señaló otro hombre viéndonos y me dijo que era el que me llevaría hasta Los Ángeles. ¡Cabalito! Llegamos después de varias de horas. Yo de lo cansada hasta me dormí; me dijo que siguiera durmiendo que faltaba mucho, que me veía decidida y que lograría mucho. ¡Así llegué, valoruda dispuesta a resolver! A no descansar hasta lograr progreso por mi misma.

 -Palmea las pupusas nuevas con una habilidad que solo la práctica otorga y se dio tiempo para voltearlas, invocar claridad y exactitud a su memoria. El olor a chicharrón con masa no se queda quieto y viaja hasta Reinaldo, quien distrae su hambre con la danza del humo en el comal;  en su mente se veía sirviéndose el plato de curtido de repollo con apetitosa salsa de tomate y sus respectivas pupusas recién hechas, obra maestra de su mujer. Comal al punto y el humo deportando hambre a cualquiera y  dispersando los riquísimos sabores. Reinaldo viaja en meditación gratificante con la esencia de chicharrón con queso, jitomate y cebolla; siente placer inmenso ver las manos de su mujer palmear las pupusas como si danzara con las manos  en coordinación con  la expresión gestual de su narración; pues era placentero ver el sudor que le provocaba el comal ardiendo y la memoria tan perfecta de su mujer. Incluso,  él hace un balance para llegar a una conclusión:  ¿Qué amaba más de su mujer, el ritual de ella haciendo pupusas o su biografía verbal con el fondo musical del palmoteo? Esperanza le salía  sudor como historias de su vida, pareciera que el olor a cebolla azada las reuniera. Le daba un aire de grandiosidad. Reinaldo concentrado repasaba en su boca los sabores y las delicias de ese platillo típico revuelto con las historias de Esperanza. Ver la gracia de Esperanza para dar el punto es algo mágico-  

            Cuando llegué, hablamos con mi hermana; me dijo como se limpia en las casas y al otro día me fui a una  agencia por la Wilshery. Aunque no muy contenta agarré un trabajo con una señora para toda la semana. Lo dejé; yo quería los fines de semana libres; quería más y pues yo tenía que ver cómo salir adelante – Con la mano derecha voltea y  saca las pupusas calientitas  con la otra ya tiene lista la siguiente para no dejar enfriar el comal, ni la dinámica de la historia- Me fue mejor con el dueño de una gasolinera; el viejito me quería mucho. Cada vez lo esperaba cuando llegaba de trabajar para ayudarle con las cosas de su trabajo; me daba una moneda de plata; ya tenía varias; pero me las robaron en la Catalina. Con la señora me las tenía que ver para entenderme; me agarraba de la mano y  llevaba a todas partes de la casa o a lo que tenía limpiar. Si era algo de la cocina y yo estaba en la sala, venia y me llevaba. Poco a poco aprendí palabras en Ingles. Un día, la señora me hacia unas señas que yo no entendía lo que me decía, por más que me quebraba la cabeza. “Mister, Mr”  y se iba desesperada pal cuarto. Regresaba y me volvía a decir “Mr” total que; como no descifraba lo que quería,  vino por mí y me llevó de la mano hacia donde estaban los pantalones del closet.  Entendí que me preguntaba por unos pantalones que había lavado ese día. Con mi Ingles le dije “Small….Small… Small” al ver que no me entendió, fui y la tomé de la mano y le dije “Small….Small… Small” la llevé conmigo al bote de la basura, saqué los pantalones todos encogidos por que los metí al agua caliente. Yo no sabía usar las maquinas de lavar, así que solo puché el botón. “Small….Small… Small” le enseñé el pantalón del tamaño de un short. Ella soltó una carcajada, se fue a enseñárselos y ponérselos en la mano al señor; riéndose le dice “Mister. Small….Small… Small” los dos se morían de risa. Eran los favoritos del Mr.

-Esperanza y Reinaldo, revivieron el suceso con una carcajada conjunta y expansiva tanto como el olor de las pupusas, sin poder contener y retorciéndose de risa. Esperanza continua-

El mister soltó una carcajada cuando vio sus favoritos “Small….Small… Small” y ella le dijo “pontelos “ - Esperanza se aprieta la pansa de la risa tan sabrosa, que no pode terminar las frases; se retuerce por lo cómico del pasaje. Abandonó la estufa y la palmeada para entregarse al sonrojo de las carcajadas interminables, con  vergüenza, inocencia, y disfrute como si fuera aquel momento. Reinaldo también enseñó sus mazorca con tanta libertad que se le olvidó un poco sus ansias por las pupusas. Aquellas risas se extendieron igual que el olor a frito, pero no podían parar de carcajearse. Ella con las manos en la pansa como queriendo ahogar tanta risa y él gozando por la historia y por verla tan rojita toda torciéndose de recordar el incidente de los pantalones “Small….Small… Small” … Bueno tanto fue el deleite que se olvidaron de todo para entregarse al manjar de la risa sin restricciones. No se distinguía quien se  reía mas o si, reían de la historia o por verse uno al otro retorcerse de risa, por más que quisieran parar, más y más se inflamaban de risa. Ya ven que en estos menesteres el tiempo no alcanza, se va rápido. Esperanza interrumpe y para la desmedida liberación-



       -Se volvieron a quemar las pupusas y no te movés.- Reinaldo fue a soplar y abanicar rápido el aire con sus manos, gorra y camisa; pues con la emergencia se le escasearon las ideas para enfrentar el infortunio. -Apuráte, date prisa, encendé el ventilador para que salga la humareda, ponlo a todo lo que da.  íOí! la alarma de fuego, apuráte abrí  todas las puertas para que salga la humason. ¡Deja de estar aplastado-

-Reinaldo fue con los residuos de la risa arrastrando a parar la chilladera de la alarma de fuego. Corría y ventilaba con la puerta de la entrada y luego soplaba la chilladera sin éxito. Esperanza con todo los esfuerzos rescató lo que pudo del comal. Cuando el humo les dio tregua se pusieron a comer cinco pupusas cada uno. Reinaldo no daba más que, gracias a la vida por las pupusas, la compañía de su mujer y sus historias; Aprovecha, a lambidas, lo último del plato.

-Hubiéramos hecho un video para Facebook – Dice Esperanza.   

-Se volvió a esparcir por toda la casa las risas revueltas con las últimas partículas del olor a pupusas.   

 

 


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