Wednesday, July 15, 2020

Cuento de murales en el Este de Los Angeles


Giros
-¡Destrozó todo! - Me decía yo mismo con mis manos afianzadas en el volante. Los ruidos intrusos de otros carros y edificios desfilaban, testigos de una densidad emocional desparramada a los cuatro vientos. La corriente de pensamientos corrían mientras iba al volante de un Hondita negro por las calles del Este de Los Angeles. Andaba dándole un aventón a mi amigo Tony, quien tenía una cita de trabajo. No podía entrar a la entrevista, así que solo lo llevé a un edificio con mucho cristal y me alejé a buscar un buen sitio para leer y disfrutar un café; con el afán de ayudarme a concentrar y pensar perspectivas nuevas o disminuir el impacto de tanta incertidumbre del 2020. De esta manera, las estadísticas, pruebas y proyecciones del covid no me apachurren y lograr escribir el cuento para estos tiempos-  La pandemia 2020 desarticuló nuestra vida y psicología. Vivir el momento es ahora primordial. Si antes había un sentido, ya sea por nuestra familia, o inspiraciones personales, ahora cualquier seguridad se desliza de nuestras manos, por la amenaza y el cambio social que éste fenómeno repercute. Las actividades las realizábamos influenciados por un afán por lograr anhelos, y   con ello adquirimos satisfacciones para evaluar nuestra existencia.  Los que no tenían motivaciones, la búsqueda en si por ellas, era el sentido existencial. Ahora lo que hacemos, solo lo atestiguamos, pero sentimos escaza razón por contemplar e imaginarnos el futuro del mismo o de nosotros mismos; siendo que cada día vivido es el triunfo de una batalla que inicia y muere hoy. Tal vez mañana, solamente nuestras historias deambularán en el futuro. El virus será la historia permanente y el eje de nuestra mentalidad en muchos años, según de deslumbra mundialmente. Nos abandonó el tiempo de soñar con nuestros logros realizados permitiéndonos conocer lugares, asistir a eventos públicos en grande y ser parte de una experiencia colectiva inolvidable. Incluso, imaginarnos la superación personal para sobresalir del montón, imaginarnos la tan esperada acumulación de riquezas que beneficiará la familia y nos diera distinción. Lo inmediato pide su estadía en nuestra conciencia ¡Pero en el pasado no nos deteníamos en pensar en nuestros finales; luchábamos por los horizontes, inventados y otros anhelados! El morir era y es, la posibilidad inevitable, pero, no sabíamos y ni nos preocupábamos por nuestra hora. Simplemente, si se quería se iniciaba el trayecto de los sueños con la esperanza o certeza de que un día festejar con su fruto.  En contraste, ahora; nuestro mundo se volvió efímero, pareciera que cada instante pueda ser el último instante; porque, si no hay cura para este mal de la humanidad, solo resta ir esperando y viviendo las cartas del azahar. Vivir e ir venciendo cada instante el hartazgo del encierro. Agregado a esto, nos persigue la gran atenuante del desencanto, debido a la inutilidad de proyectar cada una de nuestros pensamientos, si el horizonte no es claro, por la razón de que, si nos infectamos, ni médicos, ni el hospital garantizan un retorno a nuestro futuro. ¡Vivir el momento se transformó en la única garantía  y forma de determinar la calidad de nuestras vidas! -Daba giros a la derecha, despacio y otras a la izquierda a prisa, pero, mi mente no buscaba pausas. Todavía  no andaba mucha gente en la calle seca y en  los pocos negocios tímidamente abiertos; la gente entraba y salía con premura como queriendo huir del lugar y sus pensamientos.  
Seguí sin rumbo por las calle Cesar Chávez pisando el freno del carro, pero no de mis  pensamientos-  Nunca pensé en la importancia de decidir, dejarme llevar por a un ambiente deprimente o a exprimir lo mejor  de cada momento y seleccionar la dirección de mi experiencia. No es por deshumanizad, sino por ejercitar la salud mental. Tanto es nuestro desconsuelo que  cansa, todos somos parte. No solo eso, el optar, es el nuevo giro de hacer menos quejumbrosa nuestra existencia frente a la pandemia. No tener contacto con la gente es más problemático ya que, este distanciamiento se come más y más nuestra alegría, por la razón de que la enfermedad sacrifica nuestra naturaleza de relacionarse con la gente y nos sacrifica a una introspección densa y desconfiada. Aunque quisiera tomar todo con mucha calma, después de de tres meses sin poder salir mucho de nuestras casas, como prevención para no propagar y no contagiarnos, no puedo liberarme de percibir en el ambiente, la desolación, la inseguridad y el tormento de mucha gente buscando en la calle la normalidad perdida. Todos queremos hacer lo mismo, después de que el gobierno ordenó, no salir de casa como control sanitario. Ahora que andamos fuera paulatinamente y con mascarilla (ya no se aguanta) todo lo que fue antes en nuestro alrededor, es completamente distinto; incluso este calor del final de Julio, pica. Aunque un poco apagado por lo que percibo en la gente, el optimismo me rescata de la depresión y me empuja a no permitir que el desanimo me sangre. No quiero agregar más sufrimiento al mundo. Si, pensar que muchos están agobiados por el fin de su trabajo, otros aterrorizados, sin saber cómo van a resolver sus problemas económicos y muchos no saben a qué  filosofías afianzarse en estos tiempos de gigantesca incertidumbre. Sin estar exento de problemas, prefiero preocuparme cuando el momento llegué. Todo este caos es contagioso, no es agradable, no hay forma de eliminarlo. Quiero pensar en el sentido que tiene el vivir y los miles de sabios descifrando las razones por las cuales nosotros los seres humanos descubrimos los motivos de nuestras vidas y su sentido. Pero, lo que digo, ahora, ¿Para qué le vamos a dar sentido?  El único sentido, es cada uno de estos momentos que voy respirando. El sentido de la vida perdió su sentido; nos encontramos asechados por un final que puede llegar sin que estemos listos ¡Todos queremos vivir!
         -Al parar en un semáforo rojo, descubrí un mural llamativo en un negocio pequeño, a si que decidí buscar otros, en el área; pero mi pensamientos giraban en lo mismo mientras manejaba y me encontraba otros. Finalmente, encontré un parque verde y más o menos libre de indigentes y me refugié del pensar en el futuro incierto. Quise conscientemente no perderme la acción de la vida alrededor mío.  Me puse a buscar el sentido de todo esto; pero solo el silencio se iba conmigo por los corredizos para hacer ejercicio de vez en cuando y renovarme con tan apreciado oxigeno.
       El recorrido por la calle Cesar Chávez y otras, dio un fruto y giros inesperados; los murales en negocios y centros comunitarios me alumbraron el día para florecer un placer contrastante con el vivir con  los problemas del nuevo mundo. Agregado a esto, como agradecimiento por el aventón al Este de Los Ángeles, fuimos con Tony a un restaurante Nicaragüense con murales de campo abierto y pueblos llamativos. No podía haber recibido mejor muestra de agradecimiento que el de saborear un exquisito platillo típico,  Bistec en jalapeño. Realmente, ese día en vez de ser un viaje abrumador, fue un viaje a mundos interesantes que me borraron la pena de pensar en la pandemia (al menos por el resto del día) Le dieron un giro inolvidable a lo que parecía inmutable.  






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