Todos los seres humanos, en algún momento del vivir, necesitan interpretar sus experiencias, sus sentimientos, sus dudas, sus inspiraciones y frustraciones. En ese contorno de motivaciones, los poetas hacemos de esto muestro fin poético; proponemos una salida a las trifulcas con la escritura de versos. Escribimos poesía porque sentimos un remolino adentro y contrario a otras personas, optamos en plasmar nuestra gama de sentimientos y apaciguar lágrimas en una hoja. En ocasiones sentimos vivir limitadamente con algo sin cuadrar que retuerce nuestras viseras y atiza nuestra infelicidad. Sentimos nuestro potencial desperdiciándose. Esas inquietudes nos hacen agarrar el lapicero y la página y no soltar hasta sentir liberar la batalla; ir rio abajo y atestiguar a donde nos llevan las aguas del momento. Lo que interesa es sacar el clavo que nos sangra y hacer poesía. Por lo tanto; los versos se convierten en nuestros interlocutores, nuestro mecanismo de análisis, nuestro amigo(a) más cercano que nos escucha sin ninguna reserva. Ahí nos mostramos como somos y nuestras preocupaciones se exponen para el análisis, la comunicación y estrategia de liberación. Contrario a los que sostienen que, para lidiar con nuestros conflictos, solamente se puede con la asistencia de personas especializadas; las cuales, efectúan una evaluación más precisa que nos desate de los estados de ánimo; asumiendo, la otra persona puede identificar las cosas que no podemos ver; los terapeutas ven con lupa. Pero éste, no es la ecuación de los poetas. Ante todo, deseamos crear a partir de nuestras noches de insomnio o de nuestras lunas que escuchan los lamentos por que la serenata no endulza a la enamorada o andamos agonizando por que el destino no viene fácil, porque somos, no somos, queremos ser y todo lo contrario. Optamos por la poesía para liberarnos y para dejar un archivo poético a partir de nuestras trifulcas, aciertos, alegrías, visiones y evaluaciones que sustentan nuestro quehacer creativo. De lo contrario, nos perpetuaríamos en la huida a la bestia emocional, sin darnos tregua y podríamos terminar prófugos de nosotros mismos en otras actividades donde pongamos todo, menos nuestro espíritu. Lo que es más desastroso, sin grabar nuestros poemas en el papel. Nuestro tiempo estaría invertido en lidiar con nuestras emociones internas y pasarán muchas cosas, pero no, la creación de un nuevo poema. Nuestros sentimientos viven, se examinan, despolvan en la página con ello conducimos nuestras vidas y ponemos nuestra poética en movimiento. Al final, escribir poesía es el más gratificante quehacer. ¿Ustedes de qué escriben?
Mi poema del poemario: Sentir el aura
Rodaje de motivos
El murmullo de la noche
alebresta el cerebro.
Un chorro de ideas
desfilan en el aparejo de una página.
Me convoco en motivos del corazón.
El relámpago de la existencia
se explica en una frase
y revela sus fístulas de tiempo.
Me proyecto en pensamientos
en el rodaje del sentimiento,
sin las pausas de la distracción,
sin las grietas sonoras de desaliento.
Mis dedos acentúan
el circulo del momento;
la vida se disemina
en voces que nos llaman,
donde la ruptura
y la sed por reinventarse
sana a puros intentos y letras.
En el cincelar con tinta
mi vida enverdece;
da el estallido del verso,
puebla el tórax de júbilo
y al universo de la página
en un viaje astral.
La vida no se explica;
se hace renglón canto directo,
elixir del que busca rumbo,
aliento de sedientos de sustancia;
cuando más la necesiten
o cuando su ahínco y su estrella se descargue.


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