Cuando el desánimo nos pone un cuatro; nos hace
sentir de cara a la pared y hace ver los resultuados de nuestros objetivos de vida, en varieas leguas; eso nos sumerge en
momentos negativos; como si las cosas de nuestra vida no pudiéramos cambiar nada
y como si nuestra voluntad, pasión, intuición solo sirvieran para llenar un
cuento fantástico. Los desalientos nos hacen vivir una pesadilla, nos apagan,
nos detienen o nos acompañan por mucho tiempo; ya sea por soledad, disconformidad,
preocupación, etc. Pero, la escritura nos
rescata de esos abismos emocionales y nos ayuda a recuperar el balance de
nosotros mismos. En estos casos, escribir acerca de algo positivo que nos haya
pasado nos encarrila a un mejor estado emocional. Es como llenarse de energía
positiva con un amanecer en el bosque. Se hace contrapeso y se vuelve al cauce
de una perspectiva positiva. Con un lápiz y papel, se registra una experiencia muy
agradable. Sin preocuparse si nuestro escrito será galardonado; simplemente
dejar que el acto de escribir nos guie y nos libere. Que todos los
detalles llenen los renglones y sin
parar hasta que se sienta que ya hemos agotado todas las ideas y palabras que
expresan el buen sabor que nos ha dejado la experiencia que estamos narrando. Al
terminar, nuestra carga negativa da paso a un entusiasmo por el presente y el
futuro. Por ejemplo; en uno de esos
momentos de angustia interna, escribí un pasaje que me alentó y cambió mi
estado de ánimo. Un lector que adquirió y leyó mi
libro de poesía me dio una grata sorpresa. Al plasmarlo en la página después de
sentirme desinflado hizo la diferencia.
Su entusiasmo y noticia me rescató ese domingo. Muy motivado llegó al lugar donde me encontraba con mi venta de artículos de colección y mis libros. Lo he visto algunas ocasiones, en ese mercado de Saugust CA. donde muchas personas van a adquirir todo tipo de mercancía; herramientas, ropa, etc. Bueno un mercado formal con mucha tradición. Era un domingo de caldera, la temperatura muy alta no me dejaba soltar la garrafa del agua y no aumentaba mi entusiasmo de obtener buenas ganancias, al ver tan inusualmente vacio de compradores. Ya era después de las once de la mañana. Comparado con los otros días de venta, había las calles llenas, pero de vendedores de brazos cruzados esperando a que los clientes lleguen a adquirir lo que necesitan para su oficio u otro menester. El calor, la idea de que regresaría a casa con la cartera vacía, la falta de clientes y las pocas horas restantes del mercado, me hacían pensar angustiado en otras soluciones a mi estado financiero. Que estado financiero ni que nada; para pagar las obligaciones mensuales. Aunado a esto, que la gasolina estaba llegando a los cinco dólares por galón. Tomaba agua y sudaba, batallando para que la desesperación no achicharrara mi entusiasmo restante. Ya estaba dándome por vencido por la aridez del momento. Solo pensaba en mi cartera vacía, la inutilidad de levantarme a las cuatro de la mañana, la carga y descarga de tanta cosa. De repente una voz me hizo abandonar mi introspección. -¡Buenos Días…! Don Alejandro, usted si es buen poeta- Como bálsamo que te va quitando el dolor de tajo, lo reconocí y le contesté; ¡Buenos Días!- -Usted si es un buen poeta, leí su libro; que poesía tan buena- Era la persona que me había comprado “Sentir el aura” mi poemario en español que he estado promoviendo a los clientes que llegan buscando un artículo en mi negocio. Antes de preguntarle los puntos por los cuales le había gustado mi poesía, impresionantemente, de memoria empezó a decir partes de mi poema “Mi concejo” Atento lo escuché sin intervenir, con mucho entusiasmo y sin atreverme a mostrar el otro 60 por ciento de mi felicidad. Serró con énfasis el final del poema “Pedro…no cosecharás laureles sembrando ebriedad” Continuó –Tengo su libro en mi librero con los otros más de quinientos que he leído. Usted si tiene madera- Entre mi agradecimiento y con su curiosidad, descubrió los imanes para el refrigerador que yo mismo laboré para aumentar la posibilidad de compradores entusiastas; es de un mimo con el corazón en las manos que muestra afecto como los Emoji de las redes sociales –Quiero uno- Comprendí, su compra fue un gesto de premiación a mi trabajo. -Me avisa cuando salga el otro libro - Mientras se despedía, sentía elevarme. Después, el espacio que tenía, se quedó corto; me daban ganas de bailar, de que todos supieran la alegría que sentía; hasta se me olvidó las raquíticas posibilidades de venta ¡Que alegría... después de estar casi noqueado! volvió la fuerza y la felicidad dejando todo lo demás en un plano secundario.
A un tiempo después, la negatividad me ponía un
cuatro; pero apliqué mis propios concejos. Escribí sobre la sorpresa que me dio
el lector. Volver a recrear el pasaje en la página; me cambió mis estados de ánimo.
No podía más que vencer el negativismo con la escritura y sentirme afortunado de personalmente oír buenos
comentarios de mis lectores. Es significativo, porque el lector no es del círculo
de conocidos. Cuando terminé de escribir, me di cuenta que vale más esta experiencia.
Sentí que cualquier congoja renuente a dejar mi interior, se minimiza. La
escritura, me sacó a la superficie; nuevamente vuelvo a creer, a luchar
positivamente por las metas de mi vida. ¡La escritura tiene el poder de
sacarnos de muchos aprietos emocionales!
Estados de ánimo
(publicado en "Sentir el aura)
Te levanto de tajo
sin sentir el viento.
Poco a poco te llevo
lejos de tus ideales y de ti,
al piqueteo del disturbio
por las garras de la confusión
renegando, sufriendo, y sin risa.
Te llamo por tu fe muerta,
con otras luciérnagas,
otras guitarras del humo,
con la frecuencia del goteo nocturno,
pujante, déspota y rotundo
a la rosa del jardín de tu frente;
para darte el vacio,
el rechinar
y rasgueo
de ti mismo.
Video de mi participacion en el evento del Centro Cultural Centroamericano: El averno de la palabra. Los Angeles california. Click aqui para verlo


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