Thursday, November 11, 2021

Llegar lejos, sin dejar de ser niño

 





                Jamás hubiera pensado que la ayuda llega también sin pizarrón, ni sotana. La verdad, el guía, el concejo para acabar con mis profundas frustraciones apareció donde menos lo imaginé. Fue un impulso para llegar muy lejos y lo celebro como niño.

                Buscando como de rayo la medicina a mis congojas, al mismo tiempo la solución me parecía inalcanzable. Con el nudo emocional me emboscaban solo abismos. El estrés me asfixiaba con su candado y la clausura de toda mesura. Caí en la red de mi propia negatividad. No es un cuento lo que te digo; me vi atrapado en un momento existencial caótico por ver mis metas en jaque. El fracaso necio a hospedarse conmigo; me hizo sentir prisionero con muchas emociones desalentadoras sangrando la paciencia y el control de mi mismo. Como poeta y artista he publicado poemarios y piezas de arte abstracto con el afán de  registrar la creatividad individual, la experiencia humana rodeándome de la gente y lograr una libertad económica o al menos lograr la fluidez de activos que contribuyan a la proliferación a mi quehacer artístico; el éxito pues; pero ni lo uno, ni lo otro, al contrario perdía  con las pocas ventas y mente llena de proyectos de arte. Al no progresar, mi mundo dejó de cantar y se me aparecían puros imposibles, necios a convencerme de que nada se puede resolver y que las metas seguirán inalcanzables, en la luna. Pereciera que el único sendero era el sufrimiento. Pero, a la par del quebranto me llegó la llave para liberarme del martirio. Mi destino tenía una carta debajo de la manga. Me pasó algo inesperado  que me abrió la ventana luminosa de la confianza para levantar del suelo mi esperanza desquebrajada, revivirla y rescatar mi ser de las garras de las noches tristes. Me estaba apretando torniquetes solo, sin ver serca el festejo por la vida.

                Unos guías espirituales me aparecieron sin aviso; Ellos me guiaron sin saberlo y con su ayuda   mi sufrimiento fue desterrado al exilio. Tenía un buen tiempo de no verlos; llegaron con un resplandor que ni ellos mismos se dieron cuenta. Vendo artículos de collación, arte, posters, esculturas y mis libros de poesía en un mercado de California. Llegan todo tipo de personas. Todos los guías, llegaron como si fuera un acuerdo a comprarme artículos que me realzaron la venta y la moral ese día que les cuento; cual si sabían de mi necesidad de un jarabe económico. Pero, lo sabroso no está ahí, sino en el poderoso mensaje revelado en su conversación. Sus palabras inexplicablemente dieron en el clavo de mi pesar. Me sentí aludido y elegido a sus sabios concejos para salir del espachurramiento emocional. No con la intensión prefija si no que algo profundo me hizo conectarme con su filosofía. Casualmente, el corazón de su conversación fue superar los conflictos personales. Uno es artesano, hace bolsas de cuero  a mano de mujer y para teléfono.: “A veces uno no sabe a dónde va a parar uno, sin cheque, sin venta, pero en cuanto hice la decisión de que esto  lo que quería para mi vida, ya no me preocupo, de alguna manera sale billete…Se acabaron esos momentos de atormentarme y de esquizofrenia… de cualquier modo sale la lana; ni me preocupo. Hay cosas inesperadas que resuelven y te das cuenta de que de nada sirve arrancarse los pelos de tención por pensar de donde viene el sustento… sale... si sale. Yo decidí que esto de las bolsas quería hacer para mi vida y eso hace la diferencia… si sale para todo” Como si supiera mi angustia por la economía precaria y supiera que en días pasados no sabía a donde iba a parar con mi vida. No tuve otra conclusión más que; verme en su espejo. Me dio su sabiduría gratis. Pinté el límite a mi frustración y de ahí mi actitud la fui transformando paulatinamente.  Decidí ser poeta, actor y artista y de ahí “Sale” pensé que era tiempo de: "borrón y cuenta nueva"

    Otros clientes llegaron a comprar también, una bolsa, un libro, una estatua de un guerrero; poco a poco me apoderé de mi confianza nuevamente. Otro señor mayor de edad llegó; “Hola don” El ya me había comprado uno de mis libros de poesía; pero como si lo hubiera llamado para pedirle ayuda, apareció de nuevo. Después de los saludos y elogios emotivos a mi poesía. Se dirigió directo a mis libros tendidos sobre una mesa. “Quiero éstos, quiero tener todo lo que usted escriba” Con los tres libros como abanico en sus manos. “Usted va llegar muy lejos; no se agüite  y échele ganas. Excelente trabajo” No terminó ahí, se pone a buscar  otras cosas para comprar, como si supiera que comprándome me sentiría mas alentado. “Échele ganas, usted no se fije… que va llegar muy lejos” Con un entusiasmo evidente se despidió y sin saber las vitaminas que me daba con su concejo y compra de ese día. Como cuando una cosa sorprendente pasa; yo, ahí, quieto. Engrandeciendo de energía y arrancando mis frustraciones con la inyección de sus motivaciones hacia mí. Después, otra persona, joven con su niña de unos siete años, encontró una camioneta de juguete y me la compró. Admirándola en su mano dijo: “Es volver a ser niño; me recuerda cuando jugaba en mi pueblo. Sí señor, nunca hay que dejar de ser niño; para no perder la fortaleza y la imaginación que nos haga fuertes y libres en todas las situaciones difíciles de la vida. No hay que crecer. Ser niño es lo más maravilloso.” Nuevamente asumí que lo decía, porque sabía mis pesares; sentí  el alivio y me unté su concejo. Yo no estaba derrotado. Eso que decía, era lo que yo necesitaba hacer para salir del atolladero.  El siguió enfatizando la importancia de ser niño;  no hay que reprimirle sus imaginación; si ellos dicen que la tierra es de algodón, hay que dejarlos que ellos descubran. Eso los beneficia, para que tengan carácter inquebrantable. Entusiasmado, le compartí mi poemario “Sentir el aura” Específicamente, un poema que hice con referencia a ser niño que llevamos dentro. Pensé que íbamos en el mismo vagón: no dejar que las penas nos hagan bolas y entregarnos con todo al juego de la vida, como niño. Me sorprendió, que se puso a leerlo en voz alta y me felicitó entusiasmado; lo había disfrutado. Me permitió grabarlo  y concluyó que no dejemos de ser niños para que ningún obstáculo nos doblegue. 

        Después, ya que se fueron los guias inesperados, sentí una paz profunda que mis llagas existenciales desaparecieron. Ya no quise sufrir más; sino vivir la vida al máximo; lo demás “sale” Sentí un respeto grande hacia lo divino y la forma de manifestarse con esas personas en un momento tan crucial. Extirparon mi sufrimiento y dejaron un legado de sabiduría que no lo adquiere uno en todos los lugares o todo el tiempo. A partir de ahí, me sacudí como niño despues del llanto, y de nuevo a entregarme al juego de la vida. 

         Así que: a no preocuparse, a echarle muchas ganas y a no reprimir el niño que llevamos dentro.

 









Sentir el aura (poemario)

Libros escritos por Alejandro Molina



Sentir nuevos aires.

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