¡Dar oxigeno a la poesía en tiempos de pandemia!
La poesía, igual que la humanidad, resulta afectada por la pandemia. No descanso
en pensar el destino de ambos y la rentabilidad del quehacer artístico ante la los
cambios que impactan al mundo en actualidad. Ideas escarban
posibilidades mientras miro en la ventana; ideas inspiradas
en lo que fueron las fiestas con familiares o en la óptica de las proyecciones.
Algunas propuestas llegan teñidas
de recuerdos de amigos poetas y café consumidos en las
tertulias canceladas; otras echan las cartas para revelar el futuro poético.
Con la pandemia el enfoque mundial es la salud del ser humano. Todo lo
demás pasa a último término de importancia; la poesía, el teatro, las
tradiciones se colocan en última posición de la fila con consecuencias
irreparables para la difusión poética. La poesía no está vacunada del
desplazamiento que vive en 2020 y 21. Por lo tanto, no entra al corazón o es
extremadamente difícil evocar la pasión en un poema que supere la preocupación humana
legítima. El tema de la belleza, por citar alguno, por más que se ponga en
bandeja de plata al público, no pega; porque el enfoque está concentrado en las
últimas noticias de reportes sanitarios. Si le agregamos que, el celular remplaza
el libro o el poema. Las notificaciones al teléfono desvían la atención del
lector. Incluso un click de una persona elimina el
disfrute de un bello poema por la noticia viral. De remate, la
gente resuelve sus necesidades primero, que adquirir su poemario. Por lo tanto,
la poca demanda de poesía crea un desanimo en el poeta y apaga el ímpetu
de generar decires del corazón. Nos subyuga al desanimo y las
inspiraciones no riman.
Sin
embargo, la convicción del poeta debe ser el permanecer de pie atizando la
motivación de ver la poesía florecer en el huerto de la esperanza y no dar
cabida a la idea de la decadencia. La respuesta es explorar los
horizontes y perspectivas poéticas dentro de vivencias que podamos rescatar en
las actividades relegadas por la terrible pandemia. Dentro del caos emocional y
artístico, el espirito creativo es imparable; puede encontrar
flores en los abandonos. Hay relaciones vivenciales que solo pasan una vez y
que es fundamental registrar con nuestro sentimientos; independientemente de su
alcance al público en este momento. Hay una mina poética por descubrir.
Es decir, hay más tiempo con los familiares cercanos y eso trae nuevos aires a
la poesía. Un arcoíris de sentimientos se encuentran en nuestras
conversaciones; tantas cosas que se extrañan por la cuarentena.
Ahora se dan pláticas intrafamiliares de lo que fue el mundo, el conocimiento,
las relaciones humanas e incluso el futuro. Con mi familia se han dado pláticas
del calentamiento global, política de nuestros países, salud y alimentación,
seres queridos y nuestra memoria de ellos, etc. Es ahí, las conversaciones en
el ceno familiar fortalecen la vitalidad de la poesía y ahí, donde el poeta
debe hacer un lado el desánimo al no tener la atención de los lectores. Aunque,
muchos afirman que la poesía es un asunto privado del poeta con su poesía y nada más, el poeta debe
aprovechar las conversaciones que la pandemia pone a su alcance y a las
actividades actuales para dar oxigeno a la poesía escribiendo de esas
dimensiones; con ello, hacer un aporte extremadamente importante con vista a
las futuras generaciones. Los poetas no deben esperar la audiencia, y la
normalidad mundial, sino, abrir el corazón y conjugar lo que la situación le pone enfrente para plasmar la
experiencia en cada nuevo verso; cualquiera que sea, es única y esencial como
la poesía que de ahí surge. No debemos permitir que la pandemia nos forcé a
abandonar la creatividad.
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