Wednesday, March 3, 2021






 ¡Dar oxigeno a la poesía en tiempos de pandemia!

   La poesía, igual que la humanidad, resulta afectada por la pandemia. No descanso en pensar el destino de ambos y  la rentabilidad del quehacer artístico ante la los cambios que impactan al mundo en actualidad. Ideas escarban posibilidades  mientras miro en  la ventana;  ideas inspiradas en lo que fueron las fiestas con familiares o en la óptica de las proyecciones. Algunas propuestas llegan  teñidas de recuerdos de amigos poetas y  café consumidos en las  tertulias canceladas; otras echan las cartas para revelar el futuro poético. 

     Con la pandemia el enfoque mundial es la salud del ser humano. Todo lo demás pasa a último término de importancia; la poesía, el teatro, las tradiciones  se colocan en última posición de la fila con consecuencias irreparables para la difusión poética. La poesía no está vacunada  del desplazamiento que vive en 2020 y 21. Por lo tanto, no entra al corazón o es extremadamente difícil evocar la pasión en un poema que supere la preocupación humana legítima. El tema de la belleza, por citar alguno, por más que se ponga en bandeja de plata al público, no pega; porque el enfoque está concentrado en las últimas noticias de reportes sanitarios. Si le agregamos que, el celular remplaza el libro o el poema. Las notificaciones al teléfono desvían la atención del lector. Incluso un click de una persona elimina el disfrute de un bello poema por la noticia viral.   De remate, la gente resuelve sus necesidades primero, que adquirir su poemario. Por lo tanto, la poca demanda de poesía crea un desanimo en el poeta y  apaga el ímpetu de generar decires del corazón. Nos subyuga al desanimo y las inspiraciones no riman.

   Sin embargo, la convicción del poeta debe ser el permanecer de pie atizando la motivación de ver la poesía florecer en el huerto de la esperanza y no dar cabida a la idea de la decadencia. La respuesta es explorar  los horizontes y perspectivas poéticas dentro de vivencias que podamos rescatar en las actividades relegadas por la terrible pandemia. Dentro del caos emocional y artístico, el  espirito creativo  es imparable;  puede encontrar flores en los abandonos. Hay relaciones vivenciales que solo pasan una vez y que es fundamental registrar con nuestro sentimientos; independientemente de su alcance al público en este momento. Hay una mina  poética por descubrir. Es decir, hay más tiempo con los familiares cercanos y eso trae nuevos aires a la poesía.   Un arcoíris de sentimientos se encuentran en nuestras conversaciones;  tantas cosas que se extrañan por la cuarentena.  Ahora se dan pláticas intrafamiliares de lo que fue el mundo, el conocimiento, las relaciones humanas e incluso  el futuro. Con mi familia se han dado pláticas del calentamiento global, política de nuestros países, salud y alimentación, seres queridos y nuestra memoria de ellos, etc. Es ahí, las conversaciones en el ceno familiar fortalecen la vitalidad de la poesía y ahí, donde el poeta debe hacer un lado el desánimo al no tener la atención de los  lectores. Aunque, muchos afirman que la poesía es un asunto privado  del poeta con su poesía y nada más, el poeta debe aprovechar las conversaciones que  la pandemia pone a su alcance y a las actividades actuales para dar oxigeno a la poesía escribiendo  de esas dimensiones; con ello, hacer un aporte extremadamente importante con vista a las futuras generaciones. Los poetas no deben esperar la audiencia, y la normalidad mundial, sino, abrir el corazón y conjugar lo que la situación le pone enfrente para plasmar la experiencia en cada nuevo verso; cualquiera que sea, es única y esencial como la poesía que de ahí surge. No debemos permitir que la pandemia nos forcé a abandonar la creatividad.

 

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