Algunas veces no se puede empezar un poema, nos encontramos sin ideas; vemos el ancho mundo de la página vacía e imposible de llenar, entonces nos sentimos desconcertados sin poder hacer nada, ni siquiera una letra que empiece el flujo de sentimientos y realizar unos versos que nos satisfagan; un indicador de la productividad de nuestra imaginación. Sentimos desanimo al no poder darle cuerpo a una poesía, y nos resulta imposible creer que nosotros con una creatividad inagotable, no produzcamos una línea. Recientemente me pasó, las palabras y sentimiento se me escondieron; me fijaba en la página, pensaba en ideas, recordaba experiencias pasadas; nada encendía el impulso para mover el lapicero y escribir en los renglones enfrente que esperaban sentimientos. Así pasé varios días, ni las reflexiones en la naturaleza, ni las introspecciones dieron solución, ni versos a mi mente. Fue entonces que, empecé a analizar las posibles causas de este congelamiento creativo. La primera causa, puede parecer obvia, descubrí que el estado de ánimo mete su mano negra en el asunto. Nuestras frustraciones secuestran la mente y su libertad de crear ideas porque gastamos más tiempo en poner atención a inseguridades o muy adentro estamos pensando en la posibilidad de éxito de nuestra obra, antes de realizarla; esto entierra las ideas por estar pensando en asuntos negativos que nos encajonan; por ejemplo, yo conecté a todo esto la presión económica que no quería abandonarme y en la raquítica ganancia lograda con mi libro "Sentir el Aura" después de varios años invertidos en su publicación. Este desencanto puso pausa a mi creación literaria, no había una motivación que hiciera correr la tinta sobre la página por temer el mismo resultado del libro. Entonces; me puse serio conmigo y volví a recordar mis objetivos literarios. Eso me dio la pauta para crear en el papel. Por lo tanto, En momentos que no podemos logar nada, debemos tener muy claro nuestro objetivos con la poesía; muchas preocupaciones dejan de estorbarnos; es decir, si nos agarramos la sinceridad con nosotros es la clave. Estamos en una profesión que no necesariamente el éxito económico es el único objetivo para motivarnos a escribir. Cada poeta tiene o debe tener su propia visión consigo mismo y de esta manera estar claro para cuando los problemas interfieran con nuestra creatividad hacerlos a un lado. Traer nuestras convicciones al momento, supera todo. Si hay cosas más importantes que escribir poesía, es necesario darle atención, no hay duda de ello; pero como poetas consientes de objetivos personales y literarios, se puede poner nuestras metas por encima de los problemas personales. por ejemplo, enfocarse en algún tema preferido y poner a prueba nuevos caminos como, enfocarse más en la formación de metáforas; que requiere de mucho más tiempo valioso y gratificante, puesto que nuestra persistencia invertida en descubrir las figuras literarias obliga a concentrarnos y dar origen a nuevas ideas; también dan la pauta a entregarnos al trabajo creativo con mucho más fuerza y convicción puesto que estamos abarcando un tema de nuestro interés y no permite las distracciones personales porque obliga a convocar ideas espontáneamente. La próxima vez que no puedas iniciar una poesía piensa en identificar lo que te desconcentra y en tus objetivos más que en los problemas personales.
Hoy, no encontré las palabras,
¿En dónde encontrarlas,
en el viento que arrastra recuerdos,
Me hipnotizo en la página abierta.
Bailo en mi mano el valse de las ideas
y nada; puros ojos reconociendo las fotos de la habitación,
Las necesito para entender esta realidad,
por que son el antídoto para el desconsuelo,
son para el amor herido, el llanto callado
que con lágrimas fulmina la rosa.
del que todavía creen el mañana,
de mi razón de ser,
de las mañanas de pan, café y alegría.
!Las palabras imprescindibles para mi vida!
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