La Piedra Del Muerto
Era invierno. Los huesos de los invitados rechinaban al compás del sonido de la puerta que se abría cuando llegaban a la cena. Todos, incluyendo Jacinto, se saludaban con placer y comentarios sobre la saga de la neblina. La cena estaba servida, cada quien escogió el sitio de la mesa más confortable a su visita, en aquella casa de color calizo, de un pueblo polvoriento, lleno de luciernagas y de arañas tejiendo las veintitrés horas de aquel sábado. A la hora de las velas a medio consumir, el abuelo Juan empezó a contar sus andanzas a lujo de detalle y como respuesta a los halagos que recibió, las soltó una tras otra, hasta que se adueñó del silencio al dar inicio a la narración de un muerto. Todo empezó a ponerse espeluznante, los sonidos de las ventanas, el aire entrando por la puerta de atrás del comedor, con unos cuantos cuadros y adornos en la pared. El contaba aquel suceso del camino hacia el pozo de agua, de donde decían aparecía una sombra alta del tamaño del cedro, pidiendo el atributo de los mortales para su descanso eterno. Su deseo era que le aventaran una roca al montón de piedras de su tumba, antes de pasar por el camino, el que no lo hiciera, se vería condenado por la maldición del muerto por toda su vida.
Mientras
aquel rostro de arrugas y experiencia seguía narrando el acontecimiento, los
ojos se le habrían del tamaño de la luna llena, y murmuraba con gestos y
ademanes aquel camino obscuro y
misterioso donde hacia un tiempo
una querella amorosa terminó en sangre y
un cadáver jamás reclamado.
Jacinto debilitado por el miedo y la
palidez al oír aquella historia, hasta el hambre se le quitó. Ya llegando las
doce se despidió de los invitados y se dirigió a su casa; llevándose aquella
historia un poco abajo del sombrero, con tanta claridad que su piel se erizaba como pellejo de gallina.
Al crujir
de hojas secas con sus pasos, le
salieron ojos brillantes a los arbustos del camino, que hasta los pelos de su
espalda lo percibieron. Se dio prisa y cuando iba pasando por aquel camino que
se refería la historia, se encontró de frente a un bulto negro y alto, muy
alto. Se quedó petrificado sin poder hablar y como pudo lanzó un alarido animal.
-¿Qué es lo
que quiere?. . . . –le brotaba sudor
hasta humedecer la tierra.
-Ando
penando- .
En sus veintiséis años a Jacinto sus ojos se
le abrieron más que nunca. Con dificultad se agachó en busca de una piedra,
deseando ser un pulpo para encontrarla más pronto. Por suerte se topó con una
piedra grande y la lanzó con toda su fuerza, corrió hasta desaparecer con los
ladridos de los perros.
Al otro día en aquel punto del mundo, todos comentaban la noticia, de que a Jacinto lo hallaron muerto de una pedrada mientras regresaba a su casa.


Muy bueno Alejandro. Ivan Figueroa
ReplyDeleteGracias Ivan Figueroa; Saludos a ti y tu familia, espero juntarnos pronto para festejar nuestra amistad y crear mas poemas y cuentos.
DeleteIvan Figueroa, seria fabuloso que por este medio la gente conociera tu trabajo. Si me permites publicar algunos de tus trabajos; por favor mandame unos 3, pequena bio y foto. Con todo gusto lo dare a conocer por este medio. Gracias.
DeleteAl celebrar el dia de muertos, que otras actividades realizan? En mi caso las calaveras que son versos comicos y de comentario se vuelven populares. Estos versos reflejan una parodia o critica a personajes famosos del pueblo o de la politica del pais. Tambien, en mi caso y aqui en Los Angeles se hizo muy popular celebrar la tradicion con teatro. y la comida? Cual es su comida?
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