La espera amanece
Nos aconsejaron permanecer en casa
para contribuir al control del coronavirus.
Permanecemos;
nos acompañan los ojos
que ven y no ven a la ventana,
descifran el silencio de afuera.
Las paredes engrandecen, se achican,
se embarran con nuestros suspiros;
Nos pensamos de la cocina, al comedor, la recamara.
Un libro nos abre otros mundos para no ver éstos.
Los pájaros cantan melodías que no sentimos.
A veces hablamos
y otras recordamos.
El sonido del aire nos trae las prisas de afuera.
La esperanza anuncia su retiro en la distancia.
La poca risa nos recuerda seres queridos
y los abrazos que deberíamos haber repartido.
Un “Ya nada va ser igual” se esparce por toda la casa.
Estamos solos;
aunque nunca el timbre sonó mucho.
Los verdaderos amigos son contados;
pero amábamos nuestra soledad.
No, ésta!
Ésta duele!
Nos hace comer incertidumbre.
Ni siquiera el facebook nos llena.
Las pertenencias nos gritan su inutilidad.
Los remedios caseros no llegan,
El cerebro se agita, piensa, se para,
se lava las manos,
enciende la televisión,
pero el silencio siempre es su sombra.
Un “Vamos a estar bien” sale frio del refrigerador.
La guitarra, los colores, la libreta de dibujo
nos gritan para que los saquemos del rincón;
mutilar los filos de los minutos
mantener arriba la alegría,
en la espera que también amanece.
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