Niño
siempre
(publicado en mi libro "Sentir el aura" 2019)
Todavía me veo en su rostro,
en un juego de pájaros
con la risa interminable de
niño;
su carita tierra
sobre su alma de viento.
Veo tirar puntapié a la portería del tiempo,
lanzar papalote al cielo de
paleta
y danzar en la melodía del
olor a pan.
Todavía me veo en su rostro,
en el refugio de ladrones y
humanoides
del pueblo que lo mese en agua
y de lodo en las lluvias de
magos.
Volar en un dragón o avión.
Tener mundos en canicas,
trompos zumbadores picoteando
la cola del diablo.
Tener un pedazo de madera,
como pista de piratas en
combate.
Todavía me veo en su rostro;
memoria en barco de papel;
con su voz capitán,
de Prometeo;
lamentar las levantadas
temprano.
Es más, todavía
tengo análogas conquistas.
Todavía hago rodar el mundo
con su ráfaga de astronauta.
Todavía me veo en su rostro
a pesar del constante
reclamo del flagelo social,
las incrustaciones a una nueva
apariencia
que me agrieta en el espejo
al mirarme.
Todavía
me veo en su rostro.
Va
y viene en el eco interno.
Se
ancla conmigo.
Se
imprime en las venas
para
escribir en el corazón:
“Separarnos o abandonarnos,
jamás!”

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